[La siguiente es una traducción del artículo "The Portuguese Revolution and the Dangers That Threaten It" que apareció en el número del 23 de junio de Intercontinental Press.
[La traducción es de Intercontinental Press.]
Uno de los principales aspectos del proceso revolucionario que se ha desarrollado en Portugal desde la caída de la dictadura de Caetano es el avance y profundización continuos de ese proceso. Esto se muestra en clara contraposición a la mayoría de las revoluciones proletarias incipientes que hemos presenciado en Europa desde la Revolución Rusa. Tanto en la revolución alemana de 1918-1923 o en la revolución española de 1936-37, tomando sólo dos ejemplos, el punto culminante de la revolución parece ser alcanzado un par de semanas e inclusive unos cuantos días después de que empezó. La revolución después pierde terreno casi inmediatamente, y aunque ocurren nuevos ascensos y repercusiones, los logros culminantes iniciales nunca se recuperan de nuevo.
En Portugal lo opuesto ha ocurrido. Al principio el proceso empezó un tanto lento y moderado. Adquirió fuerza de una manera contradictoria y a veces confusa. Pero desde diciembre de 1974, y sobre todo desde marzo de 1975, el movimiento revolucionario de masas ha dado tremendos pasos hacia adelante, por lo general en respuesta a las provocaciones y ataques del enemigo de clase. Ha llegado al punto en que la cuestión de la lucha por el poder de la clase obrera está a la orden del día. Los resultados de las elecciones para la Asamblea Constituyente confirman esto de manera prejuiciada e indirecta. Los partidos que se reclaman de la clase obrera, y que plantean el objetivo de construir un Portugal socialista como una perspectiva inmediata y a corto plazo, obtuvieron casi el 60 por ciento del voto popular. Este es el porcentaje más alto que jamás se haya obtenido en Europa bajo el sufragio universal, fuera de las elecciones para la asamblea constituyente de Rusia que coincidió con la toma del poder por los soviets.
¿Un Primer Revés?
Sin embargo, desde principios de mayo de 1975, han empezado a multiplicarse los indicios de que el continuo avance del proceso revolucionario se está parando. Si queremos evitar interpretaciones impresionistas de este amenazante punto decisivo, tenemos que tratar de entenderlo como una función de las fuerzas políticas y sociales básicas que están en juego en el Portugal de hoy.
En primer lugar, la situación económica se ha deteriorado seriamente. Los capitalistas han reaccionado a las conquistas masivas de la clase obrera, que ponen en peligro las mismas bases de su sistema, con una huelga masiva de inversiones y una fuga de capital. Están saboteando la producción tal como lo hicieron durante la Revolución Rusa, como siempre lo hacen cuando los trabajadores les cuestionan su "derecho" de dirigir la producción y distribución en búsqueda de la ganancia y la acumulación del capital. Como resultado, el costo de vida se ha remontado enormemente. El desempleo se está extendiendo rápidamente. Todos los logros materiales que los trabajadores obtuvieron después de la caída de la dictadura están siendo barridos. Varios sectores de la clase obrera están aun en peores condiciones que bajo la dictadura. Esto no puede mas que tener un efecto desmoralizante en sectores del proletariado.
En segundo lugar, la poderosa unidad en la acción de las masas trabajadoras, que fue decisiva para derrotar los intentos putschistas del aspirante a bonaparte, Spínola (y los aspirantes a Pinochet escondidos detrás de él), está ahora bajo seria amenaza. Tanto en July 7, 1975
los incidentes de la manifestación del Primero de Mayo en Lisboa como en los incidentes relacionados con el periódico República, grandes sectores de masas fueron contrapuestos. Una división que se profundiza rápidamente dentro de la clase obrera pondría en peligro todos los logros de la revolución, y abriría una brecha por la cual podría incorporarse una contraofensiva victoriosa de la reacción y la contrarrevolución.
En tercer lugar, el próximo paso hacia adelante no es claro para las masas del proletariado. El proceso revolucionario que se ha desarrollado hasta ahora tiene una lógica interna propia. Pasó de la conquista de demandas inmediatas materiales y democráticas y el fin a la guerra colonial a la purga de los más odiados representantes de la dictadura desde el aparato del Estado y las empresas hasta la nacionalización de los bancos, grupos financieros e industrias claves, y la extensión del control obrero. Ahora, sin embargo, este proceso espontáneo ha entrado en un callejón sin salida. Reina la confusión en cuanto lo que se debe de hacer ahora. ¿Será la "batalla por la producción," como proponen la mayoría de los dirigentes del MFA (Movimento das Forças Armadas] y el Partido Comunista? ¿Será la "batalla por la libertad," como sugieren los social demócratas y sus aliados burgueses? ¿Será "la lucha contra la indisciplina y la anarquía," como casi todos los partidos políticos y oficiales pretenden? ¿Será la "lucha en contra del social fascismo," como sostienen los irresponsables maoístas? Confrontados con esta cacofonía de proposiciones conflictivas-que todas tienen poca simpatía entre las masas debido a la aterrante situación económica, y que tienen todos los indicios de que el proceso revolucionario de alguna manera va a parar—la confusión, desunión y desorden rápidamente podrían hacer retroceder al movimiento de masas.
El Contenido Real del Incidente de 'República'
Es a la luz de estos acontecimientos en que deben ser analizados y entendidos los incidentes ocurridos en el periódico República. Somos muy escépticos, es lo menos que podemos decir, que lo que realmente estaba involucrado en ese incidente era un intento serio de evitar que el PS tuviera su periódico propio, es decir, un intento serio de destruir la libertad de acción del partido político más grande del Portugal de hoy.
Si esto en realidad fue el caso, sólo dos interpretaciones serían posibles.
Ya sea uno tendría que asumir que en Portugal estamos en la víspera de una toma de poder de la burocracia soviética y sus satélites portugueses, es decir, en la víspera de un golpe de Praga como el de febrero de 1948. Esta fue la manera en que el dirigente social demócrata, el mismo Soares, y en particular toda la prensa burguesa tanto internacional como portuguesa, no sin el apoyo activo de los maoístas, interpretaron el incidente de República. Sin lugar a dudas, esto implicaría la tesis grotesca de que los oficiales burgueses de Portugal se han convertido en el instrumento de la burocracia soviética, debido a razones misteriosas de naturaleza esencialmente ideológicas (el "poder de atracción" de las ideas del Kremlin, sin límites, concluiría uno).
O tendríamos que asumir que en Portugal estamos en la víspera del establecimento de una dictadura burguesa militar y sangrienta, que está dispuesta a aplastar al partido político más fuerte del país, cuando éste acaba de obtener el 38 por ciento del voto popular y capturado casi la mitad de los puestos de la Asamblea Constituyente. Aparte del hecho de que tal medida también implicaría la eliminación del PC, y no es obvio porqué la dirección del PC apoyaría activamente (no sólo como resultado objetivo a largo plazo de su política, sino activamente) tal medida para su propia disolución, tal interpretación entra en conflicto con todo el análisis objetivo de la relación actual de fuerzas en Portugal.
El ejército está dividido, no sólo entre las fuerzas pro y anti MFA, y entre el ala pro y anti Spínola, sino también entre las diferentes fracciones contrincantes dentro del ala "prosocialista" del MFA. Los soldados han despertado políticamente y están activando, alejándose independientemente de la disciplina militar. Las corrientes políticas obreras están empezando a conquistar influencia dentro de un ala del mismo MFA. El movimiento de masas es poderoso y está en ascenso. Bajo tales circunstancias los capitalistas no están en posición de aplastar inmediatamente al proletariado. No tienen ni la fuerza ni el instrumento adecuado para hacerlo. Su objetivo inmediato no es estrangular a todas las libertades democráticas para las masas en general, ni hablar de su partido reformista más moderado que está totalmente a favor del colaboracionismo de clase. Su objetivo inmediato es dividir y confundir al movimiento de masas, para poder detener al proceso revolucionario a un nivel compatible con la sobrevivencia de las relaciones de producción capitalista, e iniciar una represión prudente contra los pequeños sectores aislados. Sólo después de que hayan logrado estos objetivos podrán—más rápido de lo que creen algunos optimistas, por supuesto—planear el tomar una contraofensiva más general para aplastar al potencial anticapitalista de la clase obrera portuguesa.
Cuando estudiamos lo que en realidad pasó en la imprenta de República, entendemos como estos incidentes encajan con los planes fundamentales del capital portugués e internacional. Contraria a la versión que ha diseminado la prensa burguesa sobre estos incidentes, la iniciativa no vino por parte del PC y mucho menos de los oficiales del MFA, sino de los trabajadores mismos de esa planta entre los cuales los seguidores del PC tan sólo son una minoría. Se estaban enfrentando al rápido declive de la circulación del periódico, y a grandes pérdidas financieras en la imprenta. Estaban bajo la amenaza de los despidos y la sobreproducción. Y reaccionaron exactamente de la misma manera en que los trabajadores han reaccionado en cientos de otras fábricas y oficinas en todo Portugal ante tales amenazas: quitando al gerente y demandando una nueva estructura administrativa bajo control obrero, no importando el esquema propuesto, que difiere de caso a caso.
¿Un Conflicto Entre Dos Principios?
Que estas motivaciones se interlazaron con todo tipo de intrigas políticas es obvio. Que los burócratas del PC intentaron utilizar la iniciativa obrera para poder dar un golpe contra sus rivales social demócratas y asociados, que les acababan de dar una tunda en las elecciones, esto es sin lugar a dudas. Que el grupo de izquierda más fuerte dentro de la imprenta, la maoísta UDP [União Democrática do Povo], trató de utilizar su influencia para evitarle publicidad a un grupo rival maoísta "apoyado críticamente" por el editor social demócrata, también esto jugó un papel. Que algunos dirigentes militares del MFA, confrontados con esta situación confusa, trataron de crear hostilidad en contra de los "partidos políticos contrincantes," que ha sido uno de sus principales temas de propaganda durante muchos meses, de la misma manera no se puede negar. Sin embargo el resultado de toda la intriga nunca se puso en duda. Toda la lógica de la presión burguesa de clase, tanto nacional como internacionalmente, juega a favor de que el Partido Socialista recupere el periódico. La dirección burguesa del MFA no puede hacer otra cosa mas que ceder a esa presión. Los afectados serán los trabajadores de la imprenta de República.
Somos defensores firmes y principistas de la libertad de prensa. Estamos convencidos que esto debe ser un principio básico no sólo bajo la democracia burguesa sino también en un estado obrero. Estamos absolutamente a favor de que el Partido Socialista Portu- 974
gués tenga a su disposición un diario propio. Creemos que los trabajadores de la imprenta de República cometieron un serio error al crear la impresión de que lo que querían era desafiar ese derecho.
El control obrero no significa ni quiere significar que un pequeño sector de la clase obrera-los trabajadores gráficos de una planta, o inclusive los trabajadores gráficos de todo un país-tiene el derecho de decidir qué corrientes políticas deberían tener acceso a los medios de comunicación y qué corrientes no. En un estado obrero, esta decisión debería tomarse democráticamente en el congreso nacional de los consejos obreros, es decir, por la clase obrera en su conjunto. Y nosotros los trotskistas lucharemos en tal congreso por el derecho a tal acceso a los medios de comunicación para todas aquellas corrientes que, independientemente de su programa político e ideología, en la práctica respetan la constitución socialista y la legalidad socialista, es decir, no participan en acciones armadas contra el poder obrero.
Como aún no tenemos un estado obrero en Portugal, sino que aún es un estado burgués, con un gran poder concentrado en las manos de los oficiales, que, cualesquiera que sean sus divisiones políticas, están socialmente atados en su mayoría a la defensa del orden burgués, la defensa de la libertad de prensa del Partido Socialista como un partido de la clase obrera (aunque tenga una dirección reformista y colaboracionista de clase) es por lo tanto muy importante para nosotros.
Sin embargo, somos consistentes, y no parciales defensores de la libertad de prensa. No aceptamos ninguna limitación ni ningún monopolio al derecho de acceso a los medios de comunicación, ni monopolio para los dueños de las imprentas, ni para los poseedores de grandes sumas de dinero, ni para los partidos políticos. Libertad de prensa real y generalizada significa que todo grupo de trabajadores, inclusive los trabajadores gráficos de República, tienen el derecho de que sus posiciones se impriman, independientemente de que posean su "propia" imprenta o no. Si esto debe hacerse en un periódico especial, publicado precisamente con ese propósito, o si debe hacerse en las columnas de cada periódico individual, es una cuestión secundaria técnica.
Por último, debemos oponernos firmemente a cualquier intento de contraponer el principo correcto de la libertad de prensa al del no menos correcto principio del control obrero, en este sentido el control sobre las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera. El Partido Socialista tiene el derecho de tener su propio periódico. Pero no tiene el derecho de despedir a trabajadores gráficos, o de reducir sus salarios, o hacer sus condiciones de vida más duras, bajo el pretexto de que son "indisciplinados" y están en desacuerdo con la línea política de ese partido. Todas las imprentas deberían convertirse en propiedad colectiva con salarios y condiciones de trabajo garantizados nacionalmente entre el gobierno y el sindicato de trabajadores gráficos (mañana: entre el poder nacional obrero y los consejos de obreros gráficos, junto con el sindicato de los trabajadores gráficos). Sólo bajo condiciones en que todas las cuestiones de presión material, privilegios,amenazas de represalias y miedo de perder el empleo sean eliminadas de la esfera de expresar opiniones y de luchar por ellas, habrá libertad de prensa real, substancial, y no sólo formal y parcial para las masas trabajadoras. ¡Y esto es válido para los obreros gráficos también!
Así, lejos de haber una contradicción entre la libertad de prensa y el control obrero, los dos principios se complementan una vez que éstos son interpretados en la forma correcta que acabamos de delinear.
Las Consecuencias Potenciales del Incidente de 'República'
Las implicaciones ominosas del incidente de República están en otro lugar que en donde las han buscado la mayoría de los comentaristas. Podrían empezar un ataque organizado contra los muchos intentos de control obrero que han dominando el proceso revolucionario durante los últimos meses en Portugal.
Que la presión del capital portugués e internacional va en esa dirección es evidente. Se llaman a los capitalistas europeos a sacar de apuros a la economía portuguesa en su más grande crisis.
Están dispuestos a ayudar, siempre y cuando logren sacar el máximo de concesiones del gobierno portugués. Y la concesión número uno que quieren jes que se restablezca la disciplina en las fábricas! De otra manera, han dicho, sería como echar dinero a un barril sin fondo.
Que un importante sector de la dirección del MFA quiere actuar en este mismo sentido no es menos obvio. "Restablecer la disciplina" ha sido una de sus principales consignas propagandistas desde hace bastante tiempo. Algunos de ellos creen que es particu larmente inteligente disfrazar tal maniobra con una proposición de crear algún tipo de comités de fábrica, pero bajo control militar y dirigidos esencialmente para "incrementar la producción."
Que la burocracia del PC está dispuesta a acceder a esta demanda, aunque su "giro de izquierda"' implica ahora cierta propaganda también a favor del control obrero, esto es posible por el hecho de que la línea de Cunhal de "promover la producción" lo ha atrapado en una posición en que le es muy difícil oponerse a la campaña burguesa por esta misma posición.
Un nuevo elemento en la situación es el giro de la dirección del PS en esta cuestión. Antes de las elecciónes, Soares trató inteligentemente de aprovechar el creciente resentimiento de los trabajadores contra las prácticas burocráticas de la dirección del PC fingiendo apoyar la democracia y el control obrero a nivel de los talleres (por ejemplo, en sus carteles del 1 de Mayo). Mientras que el PC se oponía violentamente a las huelgas salvajes, el PS les dio apoyo ocasional y fue acusado por Cunhal de "oportunismo de izquierda." Durante la campaña electoral e inclusive el 1 de mayo de 1975, el PS tenía carteles a favor del "control obrero."
De hecho, la victoria electoral del PS expresó la combinación de dos fenómenos: Por un lado, los trabajadores menos radicalizados votaron por ese partido como el más conocido proponente del "socialismo" en forma general, de la misma manera que votaron por los mencheviques en Rusia inmediatemente después de la revolución de febrero de 1917. Por otro lado, sectores de obreros más radicalizados votaron por el PS debido a su disgusto con las prácticas rompehuelgas y burocráticas del PC.
Sin embargo, ahora la situación está cambiando. El PC está hablando acerca del "control obrero" y disminuyendo sus ataques a las iniciativas de los trabajadores combativos. Y son ahora los social demócratas los que demandan "un alto a la anarquía," y el "restablecimiento del orden," "el imperio de la ley," un "período de asimilación" para las nacionalizaciones (es decir, parar la extensión de la nacionalización de empresas) y otras consignas de claro contenido contrarrevolucionario. Ahora están tratando de oponer el proceso de consolidación de las instituciones del Estado democrático burgués y de la ley burguesa al desarrollo de la revolución, centrando sus ataques contra las iniciativas de control obrero, bajo la máscara demagógica de "defensa de la libertad."' Todo esto podría llega a ser los principales resultados objetivos del incidente de República. Es obviamente la principal amenaza para que continúe el progreso de la revolución portuguesa.
El Próximo Paso para la Revolución Portuguesa
Si analizamos este peligro; si entendemos las presiones objetivas sociales, económicas y políticas que apoyan a este peligro; entonces también podremos entender la contramedida esencial que los revolucionarios portugueses deben proponer hoy en día: La elección democrática, en base a un frente único, de consejos de trabajadores, de campesinos y soldados en toda fábrica, vecindad, villa y cuartel, y su coordinación y centralización a escala local, regional y nacional en una Asamblea de Trabajadores.
Tal contramedida sería una respuesta efectiva a todos los peligros que amenazan el avance de la revolución portuguesa.
Contra la incipiente catástrofe económica y el creciente sabotage a la economía, un sistema de control obrero al azar en base a cada fábrica es cada vez más fútil. El momento ha llegado para formar un sistema generalizado de control obrero. Pero esto significa un sistema generalizado de consejos obreros en las fábricas, July 7, 1975
que no solamente pueda parar los despidos, detener la remoción de maquinaria o fondos, revelar la acumulación de materias primas y evitar que la producción actual sea acaparada, sino que también empiece a desarrollar un plan económico de emergencia para garantizar el empleo total y satisfacer las necesidades más imperiosas de las masas, tomando control sin compensación de toda la industria y administrándola en beneficio de los trabajadores y por los trabajadores mismos.
Contra el peligro de la división y el desorden dentro de la clase trabajadora, los acuerdos entre los principales dirigentes de los partidos de la clase obrera, aunque necesarios, son absolutamente insuficientes. Después de todo, aunque se insulten mucho Cunhal y Soares en público, no debemos nunca olvidar que han estado en el mismo gobierno de coalición con la burguesía por más de un año, y que han apoyado y votado juntos, leyes que prohiben y restringen el derecho a la huelga, que comparten igual responsabilidad por las peligrosas divisiones actuales dentro de la clase obrera. Para poder restablecer la total y entusiasta unidad en la acción de la clase obrera, es necesario garantizarles a los trabajadores social demócratas total libertad política para su partido, y un alto a las maniobras burocráticas en los sindicatos y en los medios de comunicación. De la misma manera es necesario garantizarles a los trabajadores comunistas y revolucionarios el avance total del proceso revolucionario yendo más allá de los límites de la democracia burguesa y de las relaciones capitalistas de producción. ¿Y qué organismos serían más apropiados para lograr estas garantías que los consejos de trabajadores democráticamente electos que serían de pies a cabeza órganos de frente único más claramente definidos que nunca antes en ningún país?
La Asamblea Constituyente ha sido impotente desde un principio, atada por el "pacto" entre los partidos políticos y el MFA. Los dirigentes del MFA afirman que quieron estos vínculos para avanzar el proceso revolucionario. Algunos inclusive dicen que quieren órganos directos de poder popular. Tomemos sus afirmaciones literalmente, y llamemos a la elección democrática de consejos obreros que no están atados a ningún pacto preliminar con los militares, que sean totalmente soberanos. Inclusive aquéllos que creen que destruir las ilusiones en el MFA entre las masas es una tarea importante de hoy en día tendrán que admitir que no hay mejor forma de alcanzar ese objetivo que agitar en estos momentos por consejos de trabajadores soberanos y democráticamente electos.
Todos aquéllos que temen el desarrollo de la revolución proletaria en Portugal hablan de "restablecer la disciplina," atacar a la "anarquía" y a la "democracia directa de base." No es posible ningún proceso revolucionario en un país capitalista sin la explosión de tal "anarquía," "indisciplina" y "democracia." Todas las revoluciones del siglo veinte nos han enseñado esta verdad básica. Lo que está haciendo peligrar a la revolución no es la "anarquía, sino la represión contra las iniciativas directas de las masas. Un sistema generalizado de consejos obreros sería la mejor protección de las masas contra tal represión, el mejor instrumento para consolidar y extender el control obrero, la mejor manera para vincular a los trabajadores con los soldados y marineros, para proteger y extender las formas de autoorganización democrática del ejército y la marina, que son los primeros objetivos de la represión si la burguesía quiere restaurar un instrumento efectivo de poder. Tales consejos también serían la mejor garantía para la acción común de los trabajadores y soldados en contra a cualquier intento de un nuevo putsch reaccionario, serían la estructura natural para el armamento de los trabajadores vinculados a los soldados y marineros democráticamente organizados.
La lucha por los comités democráticamente electos y centralizados de trabajadores, campesinos, inquilinos y soldados es hoy en día la campaña decisiva que puede cambiar de nuevo la situación en Portugal a favor de la revolución. Es la medida principal para restablecer la unidad en la acción de las masas trabajadoras, que fue la principal fuente de su fuerza en los últimos nueve meses.
Estamos convencidos que los camaradas de la LCI [Liga Comunista Internacionalista-grupo simpatizante de la Cuarta Internacional] serán los iniciadores audaces de esa campaña y que permanecerán constantemente a la vanguardia de ésta. De esa
manera mostrarán que luchan de una forma principista tanto por los intereses inmediatos e históricos de la clase obrera, como por un avance victorioso hacia la revolución socialista en su país.
junio 5 de 1975