[The following open letter to the metalworkers was published in the May 30 issue of Combate Socialista, the fortnightly newspaper of the Portuguese Partido Revolucionário dos Trabalhadores (PRT- Revolutionary Workers party). The translation is by Intercontinental Press.]
On May 15 we participated in a special general assembly of Lisbon metalworkers. Almost 4,000 workers came to discuss the problems of building an industrial union and the preliminary drafts of statutes and a contract. All these questions affect us and we should discuss them seriously. Moreover, the contract will cover 250,000 workers.
We knew beforehand that there would be a lot of different opinions on these problems. That's natural. There are many different currents of opinion in the working class. There are different ways of thinking. There are different political positions. That means that we have a lot of different ideas about how to fight the bosses, and how to struggle against capital. What the workers have to do is discuss how best to confront the bourgeois masters and to come to a single decision, to form a single fist to fight the enemy.
However, when some of our metalworker comrades tried to express their thinking, to speak in support of a 40 hour week, the Communist party and trade-union activists shouted: "Fascists out," "Go to work," "Reactionaries," and "Reactionaries out." In this way these comrades were prevented from expressing their point of view.
A supporter of the union leadership spit in a worker's face. The worker's crime was having a different opinion.
The Copcon* was there and clubbed a group of metalworkers who opposed accepting a 45-hour week. While these military men enforced "democracy," the presiding committee conducting the general assembly gave a vote of confidence to these noble "democrats."
Companheiro metalworkers: We don't believe that the workers who support a 40- hour week are fascists! If they were, then the French, Italian, and English workers, among others, would also be fascists.
Companheiro metalworkers: Workers spitting in the faces of other workers is not the best way to fight the capitalists.
Comrades: No Copcon can come into our assemblies and club people. Only our class has the right and duty to discuss and solve our problems. If Copcon appears without being invited, we should call for it to leave. If it is invited by the union leadership, we should say that this leadership has no confidence in the workers and is afraid of the working class.
Comrades: Just as we respect the decision of the majority of metalworkers present in the assembly, we demand our democratic rights as workers to express our ideas. Because we know that we are not going to win the Battle of Production with a 45- or a 50-hour week. The battle is lost. It is lost if we do not win the battle over the contract; the battle for workers control; the battle against capital; the battle for a government of the workers, soldiers, and peasants; the battle for socialism.
Final Payoff Went Up in Smoke
Before the last evacuation helicopter lifted off from Saigon, the U.S. embassy burned $5 million in American currency so it would not fall into Communist hands, according to a General Accounting Office report issued June 13. The cash was part of an emergency shipment of $12.5 million that Ambassador Graham Martin requested for severance pay to Vietnamese on the embassy payroll.
Government accountants said that as of May 30, $2.7 million of the emergency shipment was still unaccounted for.
PC y PS de Portugal en la Bancarrota
Democracia: Fundamental
Por Gerry Foley
[La siguiente es una traducción del artículo "Democracy—a Key Issue in Portuguese Revolution" que apareció en el número del 16 de junio de Intercontinental Press.
[Debido a razones de espacio publicamos la mitad del artículo dejando la otra mitad para ser publicada en el próximo número de Intercontinental Press.
[La traducción es de Intercontinental Press.]
Al resistir el intento del gobierno militar y del Partido Comunista de restringir su influencia y su participación, el Partido Socialista Portugués no sólo causó una crisis de la autoridad del gobierno en su país sino que a nivel internacional planteó algunos problemas fundamentales sobre la naturaleza de la revolución socialista.
En el contexto de la crisis económica mundial y en el creciente renovado interés por el socialismo entre las masas de los países capitalistas desarrollados, sobre todo, los menos estables en Europa Occidental, la cuestión de la relación entre el socialismo y la democracia estaba destinada a tener una importancia crucial.
El cierre, por medio de la acción combinada del gobierno militar y del sindicato controlado por los stalinistas, del diario asociado con el partido que obtuvo, sin lugar a dudas, el voto mayoritario en las elecciones del 25 de abril, puso a la orden del día esta cuestión. La forma en que el gobierno, el Partido Comunista, el Kremlin, los partidos stalinistas de Europa Occidental y todo el espectro de los grupos de izquierda, respondieron a las protestas del Partido Socialista hizo que afloraran todas las implicaciones del problema.
Los argumentos que los militares y los stalinistas usaron contra los socialistas mostraron que el cierre de República el 20 de mayo, sólo puso al descubierto un conflicto político que había sido generado por la lucha de clases.
El Partido Comunista Portugués stalinista dio una clara respuesta a los problemas que surgieron, y su actitud encontró eco y fue apoyada por la burocracia soviética. Alvaro Cunhal, secretario general del PC portugués, fue bastante franco al explicar esta posición a los reporteros de Le Monde en Lisboa el 27 de mayo. Aparentemente él esperaba que la prensa capitalista europea June 23, 1975
para la Revolución comprendiera lo "razonable" y lo "realista" de sus proposiciones.
Los periodistas le preguntaron que si los socialistas-que obtuvieron el 38 por ciento del voto en las elecciones de abril-eran excluidos del gobierno, se formaría una coalición de alternativa con los pequeños grupos satélites del PC tales como el MES (Movimento da Esquerda Socialista), que obtuvo un poco más del 1 por ciento de los votos en las mismas elecciones.
Mostrando realismo político, Cunhal se fue a lo fundamental del problema y descartó cualquier coalición que no incluya al PS. En tal caso, claramente, la fachada del gobierno parlamentario no podría ser mantenida y la alternativa de los militares compartiendo la responsabilidad de dirigir al país con el PC solamente, no era ni posible ni deseable.
"Yo no creo que en estos momentos cualquier coalición gubernamental que vincule al MFA [Movimento das Forças Armadas] y otros partidos pueda dejar de incluir al PS. De la misma manera el PC tampoco puede ser excluido. Una coalición entre el PC y lo que se le llama la izquierda del MFA es poco probable."
Sin embargo, si el PS continúa siendo intratable, un gobierno netamente militar sería una solución aceptable:
"Si el gobierno de coalición se muestra imposible, se tendrá que encontrar una alternativa, por ejemplo, un gobierno compuesto de oficiales y civiles que no representen a los partidos como tales."
El secretario general del PC explicó que un gobierno instalado por las Fuerzas Armadas por encima del pueblo no necesariamente tiene que ser considerado una dictadura:
"En estos momentos no está en el horizonte un gobierno militar. Pero de todas maneras, tengo que clarificar que tal gobierno no sería incompatible con el ejercicio de las libertades en Portugal. De hecho, fue el MFA él que estableció las libertades que actualmente existen en este país. Es una calumnia el tratar de identificar una extensión del papel del MFA en el proceso que está viviendo el país con una dictadura militar."
El veterano dirigente stalinista también sacó claramente las implicaciones de esta posición. La más inmediata fue la de que si el PS no se subordina lo suficiente al régimen militar, entonces la Asamblea Constituyente ya no tiene ninguna función.
"Hemos dicho que si los partidos en el gobierno de coalición rompen el pacto que firmaron con el MFA abandonando al gobierno, entonces la Asamblea Constituyente elegida en base a ese pacto no tiene más razones para existir. Si hay un gobierno de coalieión, habrá una Asamblea Constituyente; pero, sin coalición, no habrá Asamblea Constituyente. Esa es nuestra opinión."
Por qué el PC Es Vulnerable
Cunhal les aseguró a los periodistas que el PC portugués está a favor de la democracia, la libertad de expresión y de reunión. Sin embargo, su verdadera actitud hacia la se reveló cuando trató de democracia explicar por qué se oponía a que se llevaran a cabo elecciones municipales de inmediato donde el PC ha obtenido muchos puestos debido a su maquinaria y a sus relaciones especiales con el MFA. Dijo:
"El Partido Socialista quiere establecer una santa alianza anticomunista. Los bloques que tienen el propósito de aislar al PCP [Partido Comunista Português] de hecho tienen toda la oportunidad de triunfar. Como ven, hay dos caminos que coexisten en el Portugal de hoy: el proceso electoral y la dinámica revolucionaria. Algunas veces caminan paralelas, otras veces divergen. En la revolución algunas veces tienes que defender una política que no siempre es popular. Apoyar demandas de aumentos que nuestra economía no puede dar, llamar a que se reduzca la semana de trabajo a treinta y cinco horas puede ayudarte a conseguir votos. Pero en vista del estado de nuestra economía, esto es demagogia, y puede llevarnos al desastre."
Cunhal usó un espantapájaros. No ofreció ejemplos reales de la "demagogia" que tiene en mente, porque el papel del PC de contener las luchas de los trabajadores y de para poder defender la romper huelgas política económica del gobierno se ha convertido en un escándalo entre los sectores más combativos de la clase obrera portuguesa. Esa es una de las principales razones de por qué "los bloques que tienen el propósito de aislar al PCP de hecho tienen toda la oportunidad de triunfar." Es por eso que el PC ha sido duramente derrotado en algunas elecciones por bloques que se oponen a la maquinaria stalinista. Esto ocurrió, por ejemplo, en un sindicato de empleados bancarios en Oporto, donde el ex ministro de trabajo del PC en el primer gobierno provisional fue derrotado por una votación de dos votos en contra por cada voto a su favor.
El PC francés aparentemente se vio en la libertad de referirse a casos reales donde sus camaradas portugueses habían mostrado más "responsabilidad" que el PS. En un editorial de l'Humanité dijo:
"Organizar la producción es la tarea principal. Pero a la vez que Mário Soares habla de todo y de nada, ha mantenido un silencio total en esta cuestión. Sus amigos y aliados han participado en fomentar las huelgas y los desórdenes bajo varios pretextos malos en TAP [Transportes Aéreos Portugueses] en la industria química y en otros sectores claves. Mário Soares permanece en silencio. Y en todo caso no toma medidas prácticas para hacer participar al Partido Socialista en la lucha económica, que es el requisito para la sobrevivencia de la democracia y la libertad en Portugal.
"Desde Washington a Bonn, están confiando en el colapso de la economía portuguesa. Están preparando el camino para un colapso financiero e industrial tal como ocurrió en Chile.
"Entonces, ¿de qué lado está Mário Soares? ¿De qué lado están los partidos socialistas y la Internacional Socialista?"
La Respuesta del PS
En realidad, los dirigentes del PS no han permanecido en silencio sobre la "Batalla por la Producción." Han rechazado indignados la acusación del PC, mientras que responden con una lastimera defensa a cargos similares que les ha hecho el gobierno militar. Por ejemplo, Soares dijo en la conferencia de prensa del 22 de mayo en el Hotel Altis de Lisboa:
"Apoyamos la Batalla por la Producción. Y, al contrario de lo que se ha sugerido, los socialistas estamos participando en esta batalla por la producción. Pero para este propósito es necesario organizar la disciplina en el trabajo, tener un plan. Y el pueblo portugués debe estar consciente de las alternativas que se han tomado y no sentirse constantemente inseguro, sin saber qué es lo que la suerte le depara."
El mismo diario República enfatizó este punto en un editorial el 10 de mayo antes de ser silenciado:
"Nunca debe de olvidarse que una revolución no es una celebración. Es trabajo por parte de todos nosotros. Una de las formas en las cuales el sistema socialista es superior al capitalista no es que haya más celebraciones y manifestaciones sino que significa trabajar más, que todo mundo debe trabajar."
Por otro lado, Soares señaló (desde el punto de vista social demócrata) las contradicciones que surgen al tratar de emplear llamados que suenan socialistas a que la gente trabaje más para salvar la economía capitalista de Portugal, y la utilización de métodos stalinistas para imponer "disciplina obrera."
"Por otro lado, la Batalla por la Producción requiere la participación de todos los trabajadores, y si algunos trabajadores se han convertido en policías de otros trabajadores y discriminan de una manera partidaria a otros trabajadores, obviamente esta batalla se debilita.
"Citaré un ejemplo que es altamente ilustrativo. En una fábrica de concentrados de tomate en Alvalade do Sado, donde hay 160 trabajadores, un trabajador, miembro del Partido Comunista, empezó a hacer la vida difícil a los demás por su intolerancia hacia otros trabajadores. Algunos trabajadores hicieron los preparativos para echarlo. Cerca de 2,000 obreros vinieron de fuera y forzaron la intervención de las fuerzas armadas. El resultado fue que 20 trabajadores del Partido Socialista fueron purgados. Cabo bajo la presión po Ahora las purgas no pueden ser llevadas a cabo bajo la presión partidaria, y si sucede, es obvio que habrá división entre los obreros. Tales divisiones son dañinas y bastante serias en la Batalla por la Producción."
No sólo el intento de crear una "policía laboral" fue divisorio e inaceptable, los llamados a las necesidades de la "revolu ción socialista" y la "liberación nacional" usados para justificar tales métodos podrían ser peligrosos en sí mismos, si las limitaciones de la retórica no se delimitan.
"Sabemos que sin la inversión doméstica y sin la inversión extranjera," continúa Soares, "no será posible crear nuevos empleos. Pero para poder alentar la inversión doméstica es necesario inspirar confianza en el ahorro individual. Por otro lado, para poder obtener inversiones del extranjero, es necesario, como adecuadamente ha dicho el ministro de asuntos económicos Melo Antunes, crear un Código para los Inversionistas Extranjeros que les dé garantías a los inversionistas potenciales, y también debemos saber de dónde van a venir esas inversiones. ¿Vendrán del Tercer Mundo? ¿O vendrán del Tratado de Libre Comercio Europeo o de los países del Mercado Común? Ayer se hizo una pregunta por televisión-pero no fue contestadacon respecto a nuestro balance comercial con los países de Europa Oriental, si era favorable a Portugal, o como el entrevistador dijo, favorable a los países de Europa Oriental. No hubo una respuesta definitiva.
"Y es un problema que nos gustaría ver aclarado. ¿Cuáles son las fuentes potenciales de inversión?
"Esto naturalmente plantea otro problema que es la viabilidad de nuestro experiemento socialista. Porque ¡no queremos instalar un socialismo de pobreza aquí! No, definitivamente ino queremos reducir el nivel de vida del pueblo portugués! ¡No queremos 'albanizar' a Portugal! Queremos que nuestro experimento socialista contribuya al desarrollo de la economía iy a resolver los problemas esenciales del pueblo portugués! Y ¿cómo vamos a resolver estos problemas? ¿Buscamos una solución tipo cubano, es decir, el modelo cubano? Entonces debemos saber quién va a pagar la cuenta. En el caso de Cuba sabemos que fue la Unión Soviética. Entonces, queremos saber si la Unión Soviética está dispuesta a pagar tal cuenta por nosotros. Tenemos buenas razones para dudarlo."
Obviamente los inversores potenciales de Portugal, ya sean internos o externos, se sentirían más seguros con el tipo de "disciplina obrera" que los stalinistas han tratado de imponer que con cualquier tipo de "código de inversionistas." De hecho, lo que Soares estaba tratando de decir era que ya que la ayuda financiera iba a venir de Europa Occidental, el gobierno estaría en mejor posición de conseguir los créditos que se necesitan para relajar la presión sobre la economía capitalista portuguesa si le dieran una mayor función al PS, con sus buenas conexiones políticas en Europa.
Al mismo tiempo, Soares quiso decir algo más profundo. Los trabajadores portugueses quieren alcanzar el nivel de vida de Europa Occidental; no les interesa el "gran esfuerzo nacional" o una "revolución socialista" que signifique descender a un nivel de vida aún más bajo que el de las democracias burguesas de Europa Occidental.
Esto significa que los métodos totalitarios del Partido Comunista, el control monolítico de la prensa y de los sindicatos, junto con la intimidación masiva de los obreros por el gobierno y los canales de transmisión del partido no pudieron "ganar la batalla por la producción" en Portugal. Y así el PS sería mejor socio político del gobierno militar que el PC. Podría conseguir los mismos resultados con métodos más flexibles.
Es difícil asegurar si Soares tiene la razón en esto, en vista de la crisis enconómica mundial y los estrechos límites en que tiene que operar el capitalismo portugués. Puede ser que en estas circunstancias y en condiciones de distensión, el Partido Comunista con sus métodos pueda defender mejor al capitalismo en Portugal. Lo que sí es claro, es que en realidad la política del Partido Comunista no es menos demagógica que la del Partido Socialista.
La demagogia del Partido Comunista ha sido tan obvia que el mismo dictador derrocado, Marcelo Caetano, pudo anotarse un punto a su favor en su apología que publicó en Brasil bajo el título Depoimento (Testimonio para la Defensa):
"Y de pronto surgió una demanda, promovida por un grupo de agitadores, cuyo propósito era el de debilitar cualquier esfuerzo razonable del gobierno, la demanda de un sueldo mínimo de 6,000 escudos [249 dólares al mes]. A partir de ahí, cualquier cosa que hiciera el gobierno era insuficiente. Lo peor fue que la maniobra con la que soñaban los elementos comunistas para desacreditar a mi gobierno y que daría resultados inesperados cuando los comunistas tomaron el Ministerio de Trabajo [en el primer gobierno provisional que se instaló en mayo de 1974]. Hubo algunos que lo tomaron en serio y demandaron que lo que habían manifestado era fácil y justo de otorgar. Luego se probó que ni era justo ni fácil. Era la justicia del destino."
De hecho, el PC abandonó la demanda de un sueldo mínimo de 6,000 escudos después que ingresó al primer gobierno de coalición que se instaló como fachada de los militares. No sólo se opuso a esto como un mínimo estatutorio, sino que la maquinaria del PC en los sindicatos se opuso a esta demanda en las luchas por los contratos y luchó por un acuerdo lo más cercano posible al salario mínimo de 3,300 escudos (137 dólares), determinado por el gobierno militar.
Sólo después del surgimiento de masas provocado por el intento de golpe del 11 de marzo el gobierno aumentó el sueldo mínimo a 4,000 escudos (166 dólares), un aumento del 21 por ciento, mientras que la inflación ha permanecido por encima del 30 por ciento anual bajo el nuevo régimen.
Cuando entrevisté al dirigente del trabajo obrero del PS, Marcelo Curto, en mayo de 1974, me dijo: "Los comunistas piensan que los capitalistas no pueden pagar mejores salarios, pero yo creo que con todas las superganancias que han acumulado durante años de fascismo pueden pagar."
Curto estaba pensando como dirigente sindical. Y como tal tiene una buena reputación entre los obreros combativos. Es verdad que los monopolios portugueses pueden otorgar sueldos mucho mejores. También es verdad que un gran sector atrasado de hombres de negocios se han sostenido manteniendo los sueldos bajos. Pero al mismo tiempo, es verdad que en el contexto político e internacional, la sobrevivencia del capitalismo portugués depende en limitar lo más posible el aumento de los salarios. Los stalinistas tienen un claro entendimiento de las necesidades del capital y están más preparados a seguir la lógica del colaboracionismo de clase hasta sus últimas conclusiones, de la misma manera están más preparados para implementar esta línea con una consistencia despiadada.
También hay presiones opuestas en el PS y en el PC. Los stalinistas están obligados por las necesidades de la distensión y su estrategia de alianza con la burguesía "progresista" a mostrar que pueden ser los lugartenientes obreros del capitalismo. El PS no está bajo tanta presión en este aspecto. Aún más el PC ya tenía una maquinaria desarrollada en los sindicatos, mientras que el PS tiene que construir una. Pero no hay diferencia fundamental en la política de los dos partidos reformistas.
Ambos partidos están en el gobierno. Y al menos que el gobierno portugués estuviera dispuesto a abolir el capitalismo totalmente, establecer una economía planificada y promover una campaña revolucionaria en June 23, 1975
Europa Occidental que pudiera movilizar a la clase obrera y al movimiento radical en su defensa y romper el aislamiento económico y político que inevitablemente resultaría de tales medidas, de hecho no hay ninguna esperanza real de elevar el nivel de vida de los trabajadores portugueses sustancialmente o de cambiar sus condiciones de vida. Esto es aún más cierto en un clima de crisis económica mundial.
Ni el PC ni el PS tiene ninguna intención de dirigir la revolución socialista. Esto fue específicamente excluido por los dos grupos, cada quien a su manera, el PS haciendo énfasis en la "imposibilidad de la democracia popular en Portugal," y el PC haciendo énfasis en que lo que está a la orden del día es la "liberación nacional vía al socialismo."
Sin embargo, el PC tiene tanto la capacidad como la voluntad de actuar como canal de transmisión y como policía del gobierno en el campo laboral; mientras que el PS carece de esto.
Los Stalinistas se Oponen a la Democracia
El entrenamiento stalinista de los activistas del PC los hace resistentes a la presión de la base. Se les inculca la idea de que sólo una maquinaria omnipotente puede dirigir a los trabajadores hacia la transformación socialista. A pesar del electoralismo de los partidos stalinistas, su concepción fundamental sigue siendo la de que la revolución nunca puede obtener el apoyo de la mayoría de los trabajadores, que la política revolucionaria no puede ser popular, que se les debe imponer "disciplina" a las masas por medio de la maquinaria partidaria y del gobierno.
De otra manera, ¿cómo podría ser justificada la dictadura de puño de acero que existe en los estados obreros burocratizados, a la cual los partidos stalinistas están inseparablemente vinculados? La dirección y los miembros de los partidos stalinistas podrán idealizar la situación en la Unión Soviética y países similares, pero no son idiotas totales, ni están sordos, ni mudos, ni ciegos. Ellos saben que existen regímenes dictatoriales en esos países y el justificarlos es uno de los componentes fundamentales de su perspectiva política.
Esta actitud fue revelada claramente en las declaraciones de Cunhal del 27 de mayo a los periodistas de Le Monde. Las elecciones eran un instrumento de la derecha, porque los trabajadores sucumbirían inevitablemente a la "demagogia," inclusive en un país como Portugal, donde el Partido Comunista ya domina a sectores decisivos de la prensa y tiene una gran influencia sobre los demás.
La lógica de su actitud era ya clara cuando se dio la lucha por la ley de la "unidad sindical."
El régimen burgués es esencialmente un aparato represivo, como debieran saber todos los que se dicen marxistas, a éste se le confió la tarea de evitar que los trabajadores sucumbieran a la "demagogia," es decir, los intentos de "dividirlos," estableciendo otra federación. Esta ley fue el primer ataque contra un derecho democrático fundamental bajo el nuevo régimen, el derecho de asociación. Fue complementario al ataque a los derechos sindicales que empezó con una ley antihuelga en septiembre de 1974. Era la indicación de la dirección antidemocrática en la cual tenían que moverse el régimen y sus defensores stalinistas para poder salvaguardar su dirección demagógica, es decir, el control que dicen ejercer en beneficio de los trabajadores pero que no fue subordinado a los trabajadores o a los intereses inmediatos históricos de los trabajadores.
La campaña demagógica en apoyo a la ley de la "unidad" momentáneamente fue efectiva. En primer lugar, las aseveraciones de que las supuestas maniobras del PS para establecer una federación rival representaban un complot de la CIA, provocaron el tipo de reacción "patriótica" que el gobierno trató de fomentar desde que tomó el poder. Esto encajó también con la estrategia de los gobernantes de presentar su gobierno como una especie de "frente de liberación nacional." La acusación que hizo el Admiral Rosa Coutinho a los socialistas muestra las ventajas de tales fórmulas. El aseguró que al hacer tales protestas ruidosas ante el cierre de República habían, al menos parcialmente, "traicionado a la nación."
En segundo lugar, hay una capa grande de trabajadores y de la izquierda fuera del Partido Comunista que comparten cierta perspectiva con las bases stalinistas. Quieren luchar contra el imperialismo y el capitalismo y están dispuestos a aliarse con las fuerzas vinculadas a estados no capitalistas y a oficiales insurgentes del ejército, contra los social demócratas que tienen vínculos con partidos abiertamente procapitalistas, algunos de los cuales han estado o están en el poder en países imperialistas. Esta tendencia que primero apareció cuando se dio la controversia sobre la ley de la "unidad" sindical, fue reforzada por el conflicto PC-PS después de las elecciones y se agudizó durante la crisis desatada por el cierre de República.
En última instancia, tal punto de vista resulta de las ilusiones en el stalinismo, similares a aquéllas que tiene la base de los partidos stalinistas, ilusiones reforzadas por el anticomunismo reaccionario. Sin embargo, tanto los partidos stalinistas como los partidos social demócratas representan fuerzas burocráticas dentro del movimiento de la clase obrera y como tales están aliados con el capitalismo a escala mundial.
[Continúa en el próximo número]
Notes
* Comando Operacional do Continente (Continental Operational Command), the special military security force commanded by Brig. Gen. Otelo Saraiva de Carvalho. During the dispute over República, he was the one in the Armed Forces Movement leadership who spoke most strongly in favor of replacing the parties with "direct democracy."-IP