Fourth International Publications

The International’s English-language periodicals: World Outlook, Inprecor and their companions, 1958–1994

El Papel del Movimiento de las Fuerzas Armadas de Portugal (Spanish)

Intercontinental Press vol. 13 no. 22, 9 June 1975 · pp 796-797 · 1,908 words

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Portugal Spain

[El siguiente artículo apareció en el número del 27 de abril de Bandiera Rossa, periódico quincenal del Gruppi Comunisti Rivoluzionari, sección italiana de la Cuarta Internacional. Una traducción en inglés de este mismo artículo apareció en el número del 2 de junio de Intercontinental Press

[La traducción en español es de Intercontinental Press.]

Hace un año, la caída del régimen fascista en Portugal señalaba una nueva etapa de la crisis de la Europa capitalista.

Habiendo constatado la imposibilidad de mantener en pie la vieja estructura política y económica de la dictadura, la imposibilidad de persistir en una defensa a ultranza del viejo imperio colonial, la burguesía portuguesa fue forzada a esbozar una operación de reconstrucción a largo plazo. Esta reconstrucción debería incluir el cambio del colonialismo tradicional al neocolonialismo, la integración de la economía portuguesa a formas más modernas de la economía capitalista internacional y sobre todo la integración en el Mercado Común, una restructuración política que le diera a Portugal instituciones análogas a las de las democracias burguesas de los otros países de Europa Occidental.

El diseño-que sin duda corresponde a los objetivos a largo plazo de la burguesía y que surge de las necesidades que se habían hecho urgentes-se ha enfrentado contra obstáculos muy serios, fundamentalmente en tres áreas.

En primer lugar, el intento de integrarse a la economía europea ha venido en un momento cuando la recesión mundial golpea a casi todos los países capitalistas y crea repercusiones extremadamente graves en la economía de Europa Occidental. Así, una reconstrucción que de todas maneras hubiera creado problemas e impuesto un alto costo en general, y se mostraba sumamente difícil de llevar a cabo.

Actualmente Portugal ha experimentado un debilitamiento notable en varios sectores de la producción: caída de las exportaciones, una intensificación del ritmo inflacionario y un cierre de la salida que representaba la emigración.

En segundo lugar, para una burguesía que se había identificado por medio siglo con el "salazarismo," no era fácil dotarse 796

rápidamente de nuevos instrumentos políticos, de uno o más partidos que le permitieran ejercitar su hegemonía en la forma típica de la democracia burguesa, que implica sobre todo, la capacidad de garantizar una base electoral consistente.

Por último, y esto es en el fondo el factor determinante, desde el inicio-aunque sea con el desequilibrio inevitable regional o sectorial, y con las inevitables altas y bajas-se ha desatado un movimiento de masas vigoroso que ha involucrado a grandes sectores de la clase obrera, estratos de la pequeña burguesía y en algunos casos al campesinado y ha tenido un impacto notable en la base de las mismas fuerzas armadas.

La amplitud y dinamismo de la movilización de los últimos meses—la multiplicación de huelgas y de ocupaciones de fábrica y la extensión de organismos democrático revolucionarios surgidos de la base y con manifestaciones políticas como las del 14 de enero y 7 de febrero, que aunque tienen un contenido diferente, de la misma manera son expresiones de la voluntad combativa de las masas (la primera fue convocada por la Intersindical' y la segunda por las Comisiones Obreras'), fueron las que originaron el intento de golpe abortado del 11 de marzo.

Los sectores más reaccionarios de la burguesía, vinculados al ala "spinolista" de las fuerzas armadas, consideraron que era urgente parar una tendencia-que era extremadamente peligrosa-para imponer un giro conservador moderado, que hubiera involucrado necesariamente acciones represivas abiertas contra el movimiento de masas. Debido al nivel de combatividad de las masas y debido a la politización cada vez mayor de sectores del ejército y de la marina, la operación era claramente aventurera y no podía mas que concluir en un triste fracaso.

El resultado inevitable ha sido una aceleración del proceso revolucionario en Portugal, y un nuevo impulso a la movilización y politización de las masas, cuya movilización tempestiva y poderosa ha sido un factor determinante en la fulminante derrota de los golpistas.

El grupo dirigente de las fuerzas armadas, representado por el MFA [Movimento das Forças Armadas], no podía prescindir de este dato. Fue empujado a adoptar medidas más radicales para golpear la vieja estructura de la dictadura salazarista y poner al grupo más conservador de la burguesía en condiciones de que no causara daño-ésta se había resistido a la operación del 25 de abril y había determinado retroceder, es decir, tratar de restaurar un régimen autoritario, por los peligros que causaba el proceso de radicalización y politización a los intereses constituidos.

Para este objetivo el MFA ha tenido que buscar, ahora más que el 25 de abril o el 28 de septiembre, la colaboración del movimiento obrero organizado, principalmente la del Partido Comunista. Esto ha sido la causa de una apertura major, también de mayor representación en el aparato político para el PCP [Partido Comunista Português] y su aliado el MDP [Movimento Democrático Português], y a un explícito y sistemático recurrir a temas ideológicos sustancialmente tácticos.

El fenómeno que hoy estamos presenciando en Portugal muestra claras analogías con fenómenos que han ocurrido en países neocoloniales, o países económica y socialmente subdesarrollados. Por supuesto, no debemos olvidar las diferencias que subsisten y subsistirán entre los países imperialistas y los países coloniales y semicoloniales. Pero esto no nos impide ver que en ciertos aspectos, la analogía es pertinente.

En el caso que nos interesa, la analogía consiste en lo siguiente: en situaciones cuando la burguesía se encuentra imposibilitada a ejercitar su hegemonía política por la vía normal-el mecanismo democrático burgués parlamentario o presidencial, la dictadura formal o de hecho de un partido político propio, etc.—en un período de crisis política profunda, el aparato militar puede surgir como el único capaz de asegurar el funcionamiento del Estado. Para precisar más, el ejército puede asumir la función de partido dirigente, con la capacidad de preservar el funcionamiento del mecanismo esencial del sistema. Este no necesariamente tiene que tomar la forma de una dictadura militar reaccionaria, pero puede darse bajo la tendencia militar reformista o populista (obviamente la dictadura brasilena se encuentra en la primera categoría y el régimen peruano en la segunda, limitándose uno a citar sólo a dos de los ejemplos más prominentes en América Latina).

En Portugal, después de la disgregación del régimen salazarista y la explosión del movimiento impetuoso de masas que hemos mencionado, la situación ha sido caracterizada exactamente por una creciente insuficiencia del aparato político tradicional y la inexistencia de un partido burgués con una base de masas lo suficientemente grande que le permita ejercer su hegemonía, digamos, a manera de la Democracia Cristiana italiana o del Partido Conservador inglés. El único aparato sólido, la única fuerza relativamente coherente, resulta ser las fuerzas armadas que, debido a esto mismo, emergen como la fuerza políticamente dominante. El MFA que surgió y se vino formando en este contexto, apareció como la verdadera fuerza política del país.

Naturalmente-como hemos indicado--al MFA le era indispensable la colaboración de fuerzas políticas capaces de asegurarle la representación de las grandes masas: esto es lo que acordó con el PCP y, no obstante la mayor dificultad, con el mismo PSP [Partido Socialista Português].

En la terminología marxista, esta forma de ejercicio de la hegemonía política se define como bonapartista. Tal caracterización—presentada en el documento de nuestros compañeros portugueses de la LCI (sección de la Cuarta Internacional)—es perfectamente válida en este caso, en la medida en que el Portugal de hoy no se puede decir que la burguesía ejerce directamente la hegemonía política, sino que está obligada a recurrir a un intermediario. El MFA realiza esta función buscando el apoyo indispensable de las masas y en el plano internacional buscando disfrutar el margen de maniobra que le ofrece la crisis del imperialismo y el interés de la Unión Soviética de estimular una determinada dinámica y una relativa autonomía de Portugal del bloque imperialista.

El programa económico que el MFA ha adoptado, aún después de los desarrollos recientes (nacionalización de la banca y de los seguros, anuncio de la nacionalización de ciertos sectores industriales, etc.) apunta en último análisis a una racionalización del sistema que se perfila en primer lugar a asegurar la inversión necesaria para la reconstrucción, inclusive las inversiones extranjeras, y garantizar el desarrollo de los sectores productivos claves, por ejemplo, por medio de la ayuda a los exportadores. El mecanismo de la acumulación capitalista no ha sido puesto en cuestión por las medidas que se han llevado a cabo o están proyectadas. Así, en caso de que se aplicaron exitosamente estas medidas, encontrarían un nuevo equilibrio y una nuevarelativa-estabilidad. En este sentido MFA, en último análisis, defiende los

Dirigente del MFA Vasco Gonçalves.

intereses fundamentales de la burguesía aunque tome decisiones que afecten a tal o cual sector burgués, y a veces impidan a la burguesía ejercitar su propia hegemonía política. Por otro lado, no olvidemos que el programa del gobierno portugués incluye un congelamiento de salarios sustancial, predica la austeridad, ha impuesto leyes que limitan seriamente el derecho a la huelga (que no las ha podido aplicar más que parcialmente, ésa es otra historia).

Las decisiones políticas más recientes sólo son el toque final. El MFA ha golpeado a la derecha, eliminando de la confrontación electoral a un partido nacional sin un impacto real, pero sobre todo ha advertido a la extrema izquierda golpeando al MRPP [Movimento Reorganizativo do Partido do Proletariado-la secta maoísta más extremista] y la AOC [Aliança Operária Camponesa-Alianza Obrero Campesina, grupo maoísta aliado al PS]. Aún más significativo es la imposición hecha a los partidos de un acuerdo político que invalida en gran medida a la Asamblea Constituyente y sanciona explícitamente la hegemonía del MFA. Varios portavoces militares, que no tienen pelos en la lengua, dicen: no podemos confiar en los partidos, no tenemos garantías de que el pueblo sea suficientemente maduro, no debemos correr riesgos, el control debe permanecer en nuestras manos (uno inclusive ha dicho que ha sido un error permitir la constitución o la reconstrucción de los partidos ¡después del 25 de abril!).

La clase obrera y los revolucionarios no pueden avalar una operación política, cuyo contenido no puede ser más que claro para aquél que tenga ojos y vea. Ninguna elucubración y ninguna justificación—y il Manifesto, con un artículo de Rossana Rossanda de nuevo está a la vanguardia en este terreno-puede anular el hecho de un programa económico que le da contenido racionalizante, al método político inspirado en un paternalismo vulgar que anula los derechos políticos de la clase obrera, de represión y amenazas que ya se ejercen contra sectores de la vanguardia.

Los revolucionarios portugueses se movilizaron en contra del "golpe" del 11 de marzo y están dispuestos a movilizarse tantas veces como sea necesario contra las tentativas de la reinstauración fascista o autoritaria. Están por el frente único proletario, el frente único de todas las organizaciones del movimiento obrero. No le podemos dar apoyo a un gobierno de colaboración de clases, con una dirección política bonapartista. Por esto los militanen las tes de la CI han conducido, elecciones al igual que en otras ocasiones, la batalla por una estrategia revolucionaria, contrapuesta a la estrategia de los reformistas. Se han rehusado a firmar el acuerdo del MFA, suscrito no sólo por el PCP, sino también por el PSP, el PPD [Partido Popular Democrático-principal partido burgués] y otras formaciones.

Notes

1. La Intersindical es la confederación sindical controlada por el Partido Comunista.

2. Las Comisiones Obreras en Lisboa que llamaron a la manifestación del 7 de febrero están dominadas esencialmente por los grupos maoístas.

3. Liga Comunista Internacionalista.

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